Mi proceso para crear una historia de ciencia ficción
Muchos creen que una historia comienza con una idea brillante.
En mi caso, casi siempre comienza con un dibujo… un personaje.
A veces es solo una idea suelta que termina cobrando forma, y otras veces es una imagen que aparece directamente en mi mente y siento la necesidad de plasmarla en papel. Pero después ocurre algo curioso: cada vez que dibujo un personaje, me hago las mismas preguntas.
Siempre son las mismas.
Las Preguntas
¿Dónde?
¿Cuándo?
¿Y por qué?
Estas tres preguntas parecen simples, pero tienen un impacto enorme en la historia.
Las dos primeras —dónde y cuándo— determinan gran parte del mundo en el que existe ese personaje. El “por qué”, en cambio, comienza a revelar el verdadero sentido de la historia.
El mundo antes que la historia
Las preguntas de dónde y cuándo pertenecen completamente al worldbuilding.
Es ahí donde muchos creadores nos dejamos llevar y comenzamos a construir mundos llenos de posibilidades.
Pensar en arquitectura, lugares, culturas, costumbres, religiones o sistemas sociales puede ser una experiencia increíble. Es el momento en el que escapamos de la realidad y nos damos la oportunidad de imaginar algo distinto: tal vez un mundo más ideal, más idílico… o tal vez un mundo que exagera y expone todas las cosas horribles que existen en nuestra propia sociedad.
Ese es el verdadero poder de la creación.
Pero hay algo muy importante del worldbuilding que muchas veces se pasa por alto:
las reglas.
Las reglas del mundo
El verdadero reto no está en inventar edificios extraños o religiones complejas.
El verdadero reto está en crear reglas que tengan un impacto directo en la historia y en el camino del personaje.
Porque ¿de qué sirve crear una religión completa si no tiene ninguna relación con tu protagonista?
El worldbuilding es parecido a pintar un cuadro.
En una obra bien construida, cada elemento tiene un propósito. Algunas cosas son protagonistas, y otras simplemente hacen parte del paisaje.
Un buen ejemplo es una nube en un paisaje.
La nube debe estar bien hecha. Debe tener el color adecuado y encajar con la iluminación y el estilo de la obra. Pero no vas a pasar horas perfeccionando cada nube.
Le dedicas el tiempo justo.
Lo mismo ocurre con el worldbuilding.
Hay elementos que requieren mucho desarrollo y otros que solo necesitan existir para que el mundo se sienta vivo.
El reto del creador es construir su mundo en función de la historia que quiere contar.
Porque de nada sirve un mundo enorme si no sucede nada interesante en él.
Personajes que nacen del mundo y mundos que nacen de personajes
Aquí es donde ocurre la verdadera magia.
Por ejemplo, imagina que dibujo a un joven con accesorios tecnológicos, montando una tabla de surf para deslizarse por las nubes.
Esa simple imagen inmediatamente me obliga a pensar en un mundo donde algo así sea posible.
Entonces surgen nuevas preguntas.
¿Todo el mundo puede hacerlo?
¿Es un poder especial?
¿Es una tecnología común?
Muchas veces la respuesta más interesante es que todo el mundo puede hacerlo.
Porque si solo fuera un superpoder, la historia podría ocurrir en nuestro propio mundo. Bastaría con que una persona tuviera esa habilidad extraordinaria.
Pero si todos pueden surfear en el aire, entonces necesito construir un mundo donde eso sea normal.
Y ahí es donde las reglas del mundo comienzan a tomar sentido.
A medida que desarrollo esas reglas, muchas veces debo regresar al primer boceto del personaje. Ahora ese accesorio que dibujé tiene un propósito… o tal vez debo cambiarlo porque ya no tiene sentido dentro del mundo que estoy creando.
En ese momento ocurre algo muy interesante.
El mundo comienza a influir en el personaje, y el personaje comienza a influir en el mundo.
Es una retroalimentación creativa que se siente casi mágica.
Y en ese punto, la tercera pregunta —el por qué— empieza a tomar una importancia mucho más profunda, porque es lo que finalmente da sentido a la historia.
Del concepto al guion
Ser ilustrador ha influido mucho en la forma en que construyo mis historias.
No sé si todos los escritores trabajan de la misma manera, pero en mi caso el proceso es muy similar al de ilustrar.
Todo comienza con un boceto muy suelto, muy crudo. Algo donde apenas se ve la esencia de la idea.
A partir de ahí trabajo de lo general a lo específico.
Primero defino las formas grandes, las ideas principales, el camino general de la historia. Luego comienzo a filtrar el nivel de detalle y a decidir qué cosas realmente son importantes.
El proceso de construir una historia es muy parecido.
Primero aparece la idea general del camino del personaje. Después comienzan a aparecer los conflictos, los eventos y las decisiones que van dando forma al relato.
Algún día me gustaría hacer un tutorial más profundo sobre este proceso. Tal vez muchos creadores se identifiquen con él.
Conclusión
Crear historias también implica aprender a renunciar a ciertas ideas.
A veces debes eliminar detalles que te gustaban mucho, simplemente porque no ayudan a contar una mejor historia.
Eso puede ser doloroso, pero hace parte del proceso creativo.
Para un artista o creador, lo más importante es darse permiso de crear en cualquier momento.
No se trata de esperar la inspiración perfecta, porque tal vez nunca llegue.
Se trata de tomar ese pequeño dibujo… esa pequeña idea que parece interesante… y convertirla, poco a poco, en un mundo completo.
¿Tú cómo comienzas una historia: con un personaje, una idea o un mundo?
